Rajhastan por tren: II Parte.

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Continuamos con el recorrido en tren; esta vez nos llevaría de madrugada desde Jaipur a Udaipur, nuevamente nos fuimos En “chair seat”, pero el sueño pesado que abunda a las 5 AM permite que uno pueda dormir en cualquier lugar y casi cualquier posición, asi que esta vez importó poco.

Udaipur:

Calles de Udaipur.

Calles de Udaipur.

Dentro de nuestra ruta, esta pequeña ciudad fue una grata sorpresa. Sin saber que esperar, nos encontramos con una ciudad bastante limpia (para los parametros de la india), donde el polvo ya no es un tema y donde los bocinazos y el deseo de la gente de engañarte disminuyeron considerablemente. Udaipur fue una ciudad donde nos quedamos durante 3 dias. Lamentablemente el primero fue solo estar en la pieza pues mi compañera aun seguía intoxicada, pero ya para los siguientes días disfrutamos de una ciudad que se presta para recorrer sus calles de manera tranquila, disfrutar de sus pintorescas edificaciones blancas, y sin querer, sentir ese romanticismo que envuelve todo el lugar. Como emergido desde el lago de la ciudad, un hotel de lujo parece flotar en las aguas; no hay costa ni tierra visible de donde el edificio se sostenga. Pensamos en nadar, pero tuvo que quedar solo en la intención cuando supimos que en el otro extremo del lago abundan los cocodrilos, y de vez en cuando llegaban cerca de la ciudad buscando alimento. Comenzamos a darnos cuenta que los restaurantes estan en su mayoría en los techos de los edificios, por lo que a la hora de buscar que comer, lo más conveniente es mirar hacia arriba y dejar que tu instinto te guíe. 20130113-152317.jpg
La inexplicable tranquilidad de Udaipur, su paisaje digno de una postal y la amabilidad de su gente fue la mezcla perfecta para tomar un respiro en medio del trayecto, lo recomendamos a ojos cerrados.20130113-152330.jpg

Pushkar:

Cuenta la leyenda que Brahma dejo caer una flor de loto, y que cuando esta tocó la tierra se formó el lago (laguna según el parámetro normal) alrededor del cual se construye esta ciudad considerada sagrada por los Hindúes. Pushkar es un pueblo de catorce mil personas, lo cual es extraño en un país tan denso como este. Es estrictamente vegetariano, y se supone que no hay alcohol (pero como en muchos lugares de India se puede conseguir de manera ilegal), también estan prohibidas las muestras públicas de cariño, y se debe guardar cierta mesura por respeto a los feligreses.
Llegar a este pueblo implica cruzar una ruta de trece kilómetros a través de una montaña desde la ciudad de Ajmer, punto usado por todos los viajeros para llegar a Pushkar pues es la estación de trenes más cercana, y escala obligada de todos los buses. No hay que dejarse engañar por taxistas que te quieren cobrar 300 rupias por el viaje; el transporte local corre cada media hora desde la estación de buses, y vale 15 rupias por todo el trayecto.

Ghats de Pushkar.

Ghats de Pushkar.

Lamentablemente el respeto por las tradiciones nuevamente se ve opacado por los oportunistas. Desde el momento en que pisas las calles aledañas a los ghats del lago, habrá alguien acosándote para darte flores con el objetivo de que las arrojes al agua para después pedirte una “donación” por el servicio. Nosotros visitamos el templo de Brahma, uno de los pocos dedicados a este dios, y donde un tipo se nos acercó amablemente a explicar un poco del lugar diciendo que el trabajaba en el templo. Acto seguido, nos lleva al lago a hacer el famoso rito de las flores. “Quizás esta vez sea verdad y amerite una donación”.- alcance a decir eso cuando nos separan y a cada uno lo llevan por su lado donde un monje (que hasta el día de hoy me cuestiono si realmente lo era), quien hace unas bendiciones, te hace repetir despues de él unas frases en hindi y de repente entre las frases te deja caer el palo: debes donar nada menos que 500 Rupias para darle un almuerzo a los niños de no se donde, a lo que le respondí con una risa que no tenía dinero que si quería le donaba lo que tenía en el bolsillo, unas 20 rupias. El tipo se empezó a enojar, busqué a Palu con la mirada y veía la misma expresión corporal con su supuesto monje. Las cosas comenzaron a subir de tono cuando tras hacer contacto visual ambos decidimos pararnos y salir de ahí. Ya no se trataba de hombres de fe, era un grupo de cuatro negociantes gritando que no se podía ir al templo sin dinero, y a la vez bajando la cuota que nos pedían, por si el pánico nos superaba. Finalmente en una movida magistral y mientras subían cada vez mas el tono, Palu les paso un par de billetes de Malasia, dejándolos completamente descolocados. Cuando ya estábamos lejos de ahí, uno de ellos se nos acerca corriendo para preguntarnos a cuantas rupias equivalía la donación, a lo que obviamente mentimos para salir del problema, pues era menos de un USD. Son este tipo de cosas lo que te hacen tomar cierta distancia. Aquí convive la real espiritualidad que innegablemente se siente en el aire, con una estafa que la costumbre se ha encargado de hacer algo normal. Es ahí cuando uno piensa: se trata de una ciudad sagrada e intentaré mantener un comportamiento adecuado y respetuoso, pero no me involucraré mucho más allá, pues lo más probable es que me traten de hacer caer en alguna trampa. ¿El resultado? fantasmas que no hablan ni miran mas que a quienes están en la misma situación, ignorando cualquier intento por parte de la gente de intercambiar una palabra; viajeros que en su mayoría reflejan la desconfianza en sus rostros, y para quienes el choque cultural se traduce solo en el intercambio comercial motivado por querer ya sea comida o algo.
Ghats de Udaipur.

Ghats de Pushkar.

Al final Pushkar provocó sentimientos encontrados, pues es un lugar muy único incluso dentro del mismo Rajhastan, pero a pesar de su carácter, ha sufrido la metamorfosis de todos los lugares que alguna vez fueron un secreto a voces: se masificó, atrajo a honestos y deshonestos que vieron aquí un negocio, se volvió popular, paso el tiempo y se esfumó la magia, pero quedo una infraestructura turística anormal para lo que realmente es Pushkar. Hoy, el pueblo es prácticamente un bazar gigante donde puedes encontrar cualquier producto de la India que te puedas imaginar, negocios dedicados al envío de encomiendas al extranjero, agencias de viajes y restaurantes. Con lo anterior quiero decir simplemente que venir a buscar cultura aquí no es la opción; quienes más se llevan una sorpresa son quienes vienen sin expectativas, y creo que ahí esta la clave: tómalo tal como es, sin esperar mucho, y aprovecha de comprar aquí todos los souvenirs para los cercanos.

Ya debíamos tomar el tren que nos llevaría de vuelta a Delhi, asi que como ya era la costumbre nos hicimos los ánimos para cargar nuevamente las mochilas hasta la estación. A lo largo de estos últimos nueve días Rajhastan nos exprimió hasta la última gota de energía, y si bien muchas veces era extenuante simplemente el caminar por las calles, es una experiencia única para todos tus sentidos.

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